El fuerte olor producido por humedades, es causa de resolución unilateral de un contrato de arrendamiento de vivienda sin que proceda penalización a aplicar al inquilino. De esta forma ha sido considerado por reciente sentencia dictada por la Audiencia Provincial de Barcelona.

En el supuesto de hecho, el inquilino reclamó al arrendador, dar por terminado el contrato como consecuencia del fuerte olor a humedad existente en la vivienda y que hacía imposible desarrollar una vida normal. La sentencia establece que la resolución unilateral del contrato de arrendamiento está justificada y resulta legítima sin que suponga ninguna consecuencia económica. Las humedades se hallaban ocultas detrás de un falso techo y fueron incrementándose con el tiempo. Por otra parte, se destaca que dichas humedades no pudieron ser detectadas cuando el arrendatario visitó la vivienda por primera vez de forma previa a suscribir en firme el contrato.

El inquilino alegó que el olor a humedad, llegó a resultar insufrible e implicaba la imposibilidad de seguir habitando la vivienda en unas mínimas condiciones de salubridad y normalidad. No obstante, el art. 11 de la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU), establece un término de seis meses para que todo arrendatario pueda desistir unilateralmente del contrato de arrendamiento sin que suponga ninguna consecuencia económica, y con independencia del plazo pacto entre las partes.

La propietaria alegaba en su defensa que en el momento de la firma el olor a humedad era evidente y que el arrendatario había alquilado la finca con pleno conocimiento de dicha circunstancia, lo que implicaba a su entender, que no procedía el desistimiento unilateral del contrato, ya que los defectos no constaban ocultos cuando se firmó el acuerdo. Aunque el olor a humedad era evidente en el momento de la firma del contrato, la Sentencia de la Audiencia de Barcelona establece como probado que la agencia inmobiliaria aseguró al inquilino que los olores se marcharían con el tiempo y que por tanto era una cuestión pasajera. Pero el olor no sólo persistió, si no que se incrementó con el tiempo apareciendo distintas manchas por el baño, donde habían permanecido ocultas por el falso techo. La demandante acompaña al proceso diversas fotografías acreditativas de las humedades y la filtración de agua a través del falso techo, demostrando un importante deterioro de las maderas del techo, e incluso se acreditó la asistencia a urgencias del inquilino como consecuencia de problemas de salud vinculados a las fuertes humedades de la vivienda.

La sentencia estima los argumentos y pruebas del arrendatario y apelante de la sentencia recaída en 1ª Instancia, y determina que  las condiciones de la vivienda no eran aptas para habitarla, resultando imposible en aquellas condiciones. Por tanto, cabe la rescisión unilateral del contrato por el inquilino en este supuesto, sin que quepa ningún tipo de penalización, y todo ello, en aplicación de la doctrina de los vicios ocultos en materia de contratos. La filtración del agua no fue visible de forma previa a suscribirse el acuerdo, como consecuencia de la existencia de un falso techo en el cuarto de baño lo que se considera a todos los efectos como un vicio oculto solo perceptible e identificable cuando el inquilino reside efectivamente en la vivienda.

La existencia de dicho defecto, desconocido en un primer momento, legitima la resolución unilateral del acuerdo, sin que proceda aplicar ningún tipo de cláusula penal o indemnización a favor del arrendador. En cuanto al desconocimiento del vicio alegado por la inmobiliaria, la sentencia determina que aunque el defecto fuera desconocido también por el arrendador, la propiedad en cualquier caso debe responder de los daños derivados del mismo frente a la arrendatario.